miércoles, 12 de noviembre de 2008

Facebook

No doy crédito a la fuerza de esta nueva fórmula de comunicación. En mi opinión, la red social más dinámica del momento y su fundador un tal Mark Zuckerberg, un yogurín de 23 añitos. El caso, es que lo quieras o no, algo te obliga a estar en facebook. Probablemente, existan miles de anécdotas y curiosidades más importantes que la que os voy a contar. Pero a mi ésta, por ser mía, me hace gracia.
Tenemos un amigo cuyo hermano es nuestro vecino. Es una persona correcta, excesivamente seria pero, como diría mi padre, de buena pasta (no de dinero, sino de calidad). Miguel y yo nos llevamos fenomenal con su mujer. Una persona simpática, cariñosa y encantadora, con la que coincidimos cuando llevamos a los niños al colegio. Siempre en encuentros rápidos hablamos de tomar café, charlar con calma, olvidándonos de las prisas pero no nunca lo conseguimos. Nuestras breves conversaciones nunca salen del frío que hace, lo mucho que han crecido los niños y la búsqueda de cuidadora, un tema recurrente. Sin embargo, la semana pasada algo cambió al recibir una invitación a través del facebook de nuestra vecina. Y de muro a muro empezamos a hablarnos y escribirnos; a pesar de que nos separan seis plantas y un minuto en ascensor. Total, lo que iba a ser un café se convirtió en comida y terminamos comiendo las dos juntas hablando de lo divino y de lo humano. Hicimos buenas migas y en breve repetiremos. ¿No es curioso?

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