lunes, 17 de noviembre de 2008

REFLEXION

Decía Truman Capote que Dios te da un talento y te da un látigo.
También, apoya esta tesis Boris Yzaguirre y yo misma, que precisamente elegí
"La parábola de los talentos", como lectura obligada el día que me casé.
Y es verdad. Hacemos de nuestra vida una condena, nuestras obras nos marcan para siempre,
da igual cuando se hayan realizado. En la vida, no hay plazos ni deudas que se perdonen, todos los
comportamientos se plasman de una manera indelebre en el libro de nuestra vida.

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