Hoy he vuelto al Inem. No he podido dormir a pierna suelta porque sabía que hoy tenía algo importante que hacer. A simple vista un puro trámite, un proceso burocrático sencillo pero que encierra muchas más cosas. Por más que intento jugar con la lingüística y pensar que tras un despido se abre una nueva etapa, un despido es un despido y lleva intrínseco el sentido del fracaso. Así me siento un poco y me rebelo por enterrar esa idea en la parte más oscura y remota de mi cerebro para que un despido recupere las connotaciones más positivas, el sentido de cambio, la oportunidad de aprendizaje, el reto, la ilusión... recomunica.
Nada puede dejarte indiferente ante esas colas de gente que pasan de ventanilla en ventanilla para cubrir el expediente. Jóvenes y viejos,todos llevan en la mirada el rostro de la desilusión, del fracaso, del miedo al futuro y de lo tedioso de sentarse ante un funcionario altivo que se limita a hacer su trabajo sin contemplaciones. Hay quienes pierden los nervios, los que se cuelan y no respetan las normas, el segurata malhumorado... panchitas con sus bebés sin pudor a la hora de dar el pecho a sus hijos... Gente de todo tipo pero con algo en común, la pérdida de un trabajo, un derecho y un deber.
Así que ahora pido paciencia a todos los que me quieren, que me ayuden a estar activa y optimista, que no deje que las adversidades puedan conmigo y que sepa ver más allá del horizonte que diviso. Ojalá esta situación dure poco y dentro de unas semanas pueda estar orgullosa de haber dado un paso adelante y haber salido fortalecida. Voy a hacer un esfuerzo por aplicarme el cuento que tantas veces he comentado con amigas, por asimilar la teoría y ponerla en práctica. Porque al fin y al cabo buscar trabajo es un trabajo.
lunes, 29 de diciembre de 2008
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