No quiero que deje de gustarme La Navidad. No quiero crecer, hacerme mayor y perder espontaneidad y alegría. No quiero que los problemas empañen la alegría que todos llevamos dentro. Por favor, quiero dejarme empapar por el espíritu de la Navidad,el espíritu bien entendido. Es mi alegato para creer en la inocencia, en la magia y en la bondad del mundo.
No todo el mundo es malo, no todo son problemas... hay infinidad de maravillas...
jueves, 24 de diciembre de 2009
sábado, 19 de diciembre de 2009
La noche me confunde
Dicen que por la noche todos los gatos son pardos.
Yo lo pongo en duda. Odio a los gatos. Veo igual la noche que la mañana.
No creo que las circunstancias decidan los comportamientos, simplemente los aceleran, ralentizan o condicionan. Creo que en la libertad, en la capacidad de decisión, en el empuje y en las equivocaciones. Las cosas pasan por algo, pero es difícil acertar en la interpretación en mitad del proceso. Como siempre, es necesario tiempo y distancia para entenderlo.
Yo lo pongo en duda. Odio a los gatos. Veo igual la noche que la mañana.
No creo que las circunstancias decidan los comportamientos, simplemente los aceleran, ralentizan o condicionan. Creo que en la libertad, en la capacidad de decisión, en el empuje y en las equivocaciones. Las cosas pasan por algo, pero es difícil acertar en la interpretación en mitad del proceso. Como siempre, es necesario tiempo y distancia para entenderlo.
lunes, 16 de noviembre de 2009
La niña alta y el hada bajita (para gabriela)
Hace muchos años vivieron en un país cercano dos hermanas muy distintas. La mayor era alta, guapa y simpática. Tenía una cara angelical, una simpatía innata y un par de ojos azules que cautivaban a todos. Su melena rubia, siempre cepillada, era la envidia de todas sus compañeras del colegio. Hacía siempre todo bien. Tenía un fuerte sentido de la responsabilidad, cuidaba de su hermana pequeña, hacía los deberes con total dedicación y vivía contenta. Era la que mejor leía de su clase, tenía la letra perfecta y nunca fallaba en las cuentas.
Su hermana pequeña era corriente, del montón. No era ni alta ni baja, ni fea ni guapa, ni gorda ni flaca. Pasaba desapercibida, nadie se fijaba en ella. Pero escondía en su interior un tesoro: un corazón espléndido, que no le gustaba compartir. Cuando las amigas de su madre la saludaban nunca contestaba, tenía en su cabeza una mezcla de timidez y mal humor, y sólo aquellos que más la querían sabían que albergaba un gran corazón. Nunca fue brillante en el colegio ni estudiosa, era más bien vagonetis porque prefería jugar o hacer otras cosas.
Pasaron los años y fueron creciendo. La mayor seguía tan ejemplar como siempre, despertando admiración allá por donde pasaba. Mientras que la pequeña crecía encerrada en su caparazón que cada vez se endurecía más y más. Un día empezó a crecer y a crecer y ya no pasó desapercibida. Todos los de su clase la miraban porque era la más alta, se reían de ella, pensaba que era de varios cursos por arriba y ella estaba triste porque quería ser como las demás.
Empezó a mirar al suelo en vez de al cielo y su espalda se fue curvando, curvando… hasta que empezaron a confundirla con una abuelita encorvada….
Cuando se acostaba por la noche lloraba en su cama, porque no quería ser tan alta. Era tan alta que sus pies sobresalían de la cama y siempre se le quedaban congelados. Lloraba y lloraba. A veces con angustia, a veces incluso oían sus gemidos… Su mamá se levantaba a consolarla y le decía que no era nada malo ser tan alta, que si era así sería por alguna razón y que lo importante en esta vida era aceptarse tal y como uno es. Pero a ella lo que le decía su mamá no le importaba, no se lo creía, porque vivía obsesionada con su complejo, con ser tan alta…
No quería ir al colegio, salir de casa, no se gustaba a sí misma, se creía demasiado alta, fea, tonta y poco lista…. Sufría y sufría hasta que un día pasó algo mágico.
Mientras dormía, sintió un cosquilleo por su cuerpo. Pensó que estaba soñando pero estaba equivocada. Un hada del cielo había venido a verla. Se inclinó frente a ella para susurrarle algunas cosas, que la cambiaron para siempre. ¿Quieres saberlas?
-Hada: Eres una niña maravillosa, amable y bondadosa. Es verdad que eres alta pero tienes muchas cosas buenas, tantas que no me caben en los dedos de la mano.
-Niña alta: ¿De verdad que tengo cosas buenas?
-Hada: ¡Claro que sí, infinitas!
-Niña alta: Puede ser pero soy tan alta que me confunden con jirafas.
- Hada: Cuando yo era pequeña fue tan bajita tan bajita, que a pesar de tener otras muchas cualidades, todos se empeñaron en que un hada no podía ser bajita. En la escuela de hadas no me hacían caso, cuando me enviaban a alguna misión a pesar de mis poderes todos los niños me decían que era baja… Se reían de mí. Y las hadas altas me hacían la vida imposible. Pero como hada que soy tenía poderes mágicos y pensé que hacer un encantamiento para volverme alta podía ser una solución. Pero nunca me decidí. Me acordaba de lo que me decía mi madre que es lo mismo que lo que tu mamá te dice a ti. “No es nada malo ser alta ni baja, lo importante es quererse tal y como es cada uno para poder ser feliz y hacer felices a los demás”….
Un día, pasó una cosa extraña y es que yendo de excursión por el bosque, las hadas altas, guapas e inteligentes que paseaban conmigo, se cayeron en un hoyo oscuro y peligroso. Arrastrada me caí con ellas. Estábamos asustadas, muertas de miedo y llorábamos sin tener esperanzas de salir algún día de ese hoyo…oscuro, congelador, lleno de gusanos y ratoncitos de campo…
Después de pasar una noche horrible por la mañana me desperté convencida de que debería existir en el mundo alguna solución. Tal vez mis poderes pudieran ayudarme. Así que abrí los ojos con fuerza, para descubrir lo que tenía a mi alrededor. Las hadas altas miraban más arriba, por encima de mis hombros y veían cosas que yo no veía.
A mi altura, descubrí una madriguera hecha con paja, palos, hojas de árboles. Así que empecé a escavar y a escavar mientras que las hadas altas seguían histéricas. Excavando descubrí un agujero que se fue haciendo más grande, grande y grande… Así que me escabullí dentro, por ser la más pequeña y bajita, y empecé a arrastrarme hasta salir al bosque.
Una vez fuera pude pedir auxilio y conseguir rescatar a las hadas altas, a las mismas que se habían reído de mí por ser pequeña. Ellas, agradecidas, me pidieron perdón y se dieron cuenta de que gracias a que yo era bajita las había podido salvar. Nunca más me llamaron bajita y si lo hacían a mi dejó de importarme. Porque alta o baja, todos tenemos grandes cosas por hacer.
Su hermana pequeña era corriente, del montón. No era ni alta ni baja, ni fea ni guapa, ni gorda ni flaca. Pasaba desapercibida, nadie se fijaba en ella. Pero escondía en su interior un tesoro: un corazón espléndido, que no le gustaba compartir. Cuando las amigas de su madre la saludaban nunca contestaba, tenía en su cabeza una mezcla de timidez y mal humor, y sólo aquellos que más la querían sabían que albergaba un gran corazón. Nunca fue brillante en el colegio ni estudiosa, era más bien vagonetis porque prefería jugar o hacer otras cosas.
Pasaron los años y fueron creciendo. La mayor seguía tan ejemplar como siempre, despertando admiración allá por donde pasaba. Mientras que la pequeña crecía encerrada en su caparazón que cada vez se endurecía más y más. Un día empezó a crecer y a crecer y ya no pasó desapercibida. Todos los de su clase la miraban porque era la más alta, se reían de ella, pensaba que era de varios cursos por arriba y ella estaba triste porque quería ser como las demás.
Empezó a mirar al suelo en vez de al cielo y su espalda se fue curvando, curvando… hasta que empezaron a confundirla con una abuelita encorvada….
Cuando se acostaba por la noche lloraba en su cama, porque no quería ser tan alta. Era tan alta que sus pies sobresalían de la cama y siempre se le quedaban congelados. Lloraba y lloraba. A veces con angustia, a veces incluso oían sus gemidos… Su mamá se levantaba a consolarla y le decía que no era nada malo ser tan alta, que si era así sería por alguna razón y que lo importante en esta vida era aceptarse tal y como uno es. Pero a ella lo que le decía su mamá no le importaba, no se lo creía, porque vivía obsesionada con su complejo, con ser tan alta…
No quería ir al colegio, salir de casa, no se gustaba a sí misma, se creía demasiado alta, fea, tonta y poco lista…. Sufría y sufría hasta que un día pasó algo mágico.
Mientras dormía, sintió un cosquilleo por su cuerpo. Pensó que estaba soñando pero estaba equivocada. Un hada del cielo había venido a verla. Se inclinó frente a ella para susurrarle algunas cosas, que la cambiaron para siempre. ¿Quieres saberlas?
-Hada: Eres una niña maravillosa, amable y bondadosa. Es verdad que eres alta pero tienes muchas cosas buenas, tantas que no me caben en los dedos de la mano.
-Niña alta: ¿De verdad que tengo cosas buenas?
-Hada: ¡Claro que sí, infinitas!
-Niña alta: Puede ser pero soy tan alta que me confunden con jirafas.
- Hada: Cuando yo era pequeña fue tan bajita tan bajita, que a pesar de tener otras muchas cualidades, todos se empeñaron en que un hada no podía ser bajita. En la escuela de hadas no me hacían caso, cuando me enviaban a alguna misión a pesar de mis poderes todos los niños me decían que era baja… Se reían de mí. Y las hadas altas me hacían la vida imposible. Pero como hada que soy tenía poderes mágicos y pensé que hacer un encantamiento para volverme alta podía ser una solución. Pero nunca me decidí. Me acordaba de lo que me decía mi madre que es lo mismo que lo que tu mamá te dice a ti. “No es nada malo ser alta ni baja, lo importante es quererse tal y como es cada uno para poder ser feliz y hacer felices a los demás”….
Un día, pasó una cosa extraña y es que yendo de excursión por el bosque, las hadas altas, guapas e inteligentes que paseaban conmigo, se cayeron en un hoyo oscuro y peligroso. Arrastrada me caí con ellas. Estábamos asustadas, muertas de miedo y llorábamos sin tener esperanzas de salir algún día de ese hoyo…oscuro, congelador, lleno de gusanos y ratoncitos de campo…
Después de pasar una noche horrible por la mañana me desperté convencida de que debería existir en el mundo alguna solución. Tal vez mis poderes pudieran ayudarme. Así que abrí los ojos con fuerza, para descubrir lo que tenía a mi alrededor. Las hadas altas miraban más arriba, por encima de mis hombros y veían cosas que yo no veía.
A mi altura, descubrí una madriguera hecha con paja, palos, hojas de árboles. Así que empecé a escavar y a escavar mientras que las hadas altas seguían histéricas. Excavando descubrí un agujero que se fue haciendo más grande, grande y grande… Así que me escabullí dentro, por ser la más pequeña y bajita, y empecé a arrastrarme hasta salir al bosque.
Una vez fuera pude pedir auxilio y conseguir rescatar a las hadas altas, a las mismas que se habían reído de mí por ser pequeña. Ellas, agradecidas, me pidieron perdón y se dieron cuenta de que gracias a que yo era bajita las había podido salvar. Nunca más me llamaron bajita y si lo hacían a mi dejó de importarme. Porque alta o baja, todos tenemos grandes cosas por hacer.
lunes, 28 de septiembre de 2009
Separaciones
Cuánto se sufre en las separaciones.
Qué sensación tan extraña e impotente ver cómo la gente desperdicia su vida con un matrimonio que hace aguas por todas partes. Qué desagradable ser espectador, en primera fila, e intentar reescribir la historia de los demás porque ves que el final no te gusta. Y sin embargo, no puedes, eres incapaz porque sabes que ésa no es tu película sino la de otros. Actúas de guionista, intentas ser el mejor apuntador del mundo, abanderando la imparcialidad, buscando soluciones aunque todos somos humanos y la balanza siempre se va hacia un lado. Es inevitable tomar posiciones. Avanza la trama, los personajes se vuelven más complejos, las historias se entremezclan. Los protagonistas sufren, se desvanecen; los secundarios sentimos esa pena en nuestras propias carnes. Hace falta tiempo, madurar las ideas, luchar, luchar y luchar. Yo sólo puedo involucrarme desde fuera. Estoy maniatada. Casi exhausta, sin fuerzas. Qué injusto y qué desasosiego ver que tu proyecto de vida se rompe... Y qué motivo tan importante para cuidar lo que tengo. Ojalá nunca tenga que verme en esa tesitura.
Qué sensación tan extraña e impotente ver cómo la gente desperdicia su vida con un matrimonio que hace aguas por todas partes. Qué desagradable ser espectador, en primera fila, e intentar reescribir la historia de los demás porque ves que el final no te gusta. Y sin embargo, no puedes, eres incapaz porque sabes que ésa no es tu película sino la de otros. Actúas de guionista, intentas ser el mejor apuntador del mundo, abanderando la imparcialidad, buscando soluciones aunque todos somos humanos y la balanza siempre se va hacia un lado. Es inevitable tomar posiciones. Avanza la trama, los personajes se vuelven más complejos, las historias se entremezclan. Los protagonistas sufren, se desvanecen; los secundarios sentimos esa pena en nuestras propias carnes. Hace falta tiempo, madurar las ideas, luchar, luchar y luchar. Yo sólo puedo involucrarme desde fuera. Estoy maniatada. Casi exhausta, sin fuerzas. Qué injusto y qué desasosiego ver que tu proyecto de vida se rompe... Y qué motivo tan importante para cuidar lo que tengo. Ojalá nunca tenga que verme en esa tesitura.
miércoles, 26 de agosto de 2009
Abejas
La vida es la vida. Tiene cosas buenas y otras no tan buenas. La actitud es clave para interpretarla. A medida que creces, los problemas se multiplican, crecen, se retuercen... pero también la madurez y la experiencia permiten afrontarlos con mayor eficacia. Muchos frentes abiertos. Demasiados. Todos de golpe. Muchos enigmas que resolver y batallas que ganar. Pero solo un camino posible. El único. No pasar de puntillas por este avispero de mi vida. Pisarlo con fuerza, a pesar de picaduras molestas.
lunes, 20 de julio de 2009
Qué es la amistad
Acaso no es dar sin esperar recibir?
No es una relación desinteresada?
No debería serlo?
No lo sé. A veces creo que la amistad tiene un sustrato de historia, de costumbre, de dar por hecho ciertas cosas sin planteárselas...Pero otras creo que debería irrumpir con fuerza, dominarte, no dejarte pensar. Simplemente vivirla y sentirla.
DIcen que el verdadero amigo es el que está contigo porque le necesitas,aunque preferiría estar en otro lado. Yo estoy de acuerdo.
Amigos, muchas veces las palabras pierden significado. Hay que aprender a interpretar los silencios.
No es una relación desinteresada?
No debería serlo?
No lo sé. A veces creo que la amistad tiene un sustrato de historia, de costumbre, de dar por hecho ciertas cosas sin planteárselas...Pero otras creo que debería irrumpir con fuerza, dominarte, no dejarte pensar. Simplemente vivirla y sentirla.
DIcen que el verdadero amigo es el que está contigo porque le necesitas,aunque preferiría estar en otro lado. Yo estoy de acuerdo.
Amigos, muchas veces las palabras pierden significado. Hay que aprender a interpretar los silencios.
miércoles, 25 de marzo de 2009
Benidorm/Beniyork
Nunca pensé que un día escribiría sobre Benidorm.
Tampoco pensé que fuera a ir con frecuencia. Pero como siempre en la vida
más vale no decir que de este agua no beberé, porque los gustos cambian y, a veces, la vida te sorprende. Es lo mismo que cuando piensas de joven que quieres hacer en la vida casi todo y al final te quedas con casi nada...
La imagen que solía tener de Benidorm, antes de poner el pie en una playa atestada con tanta gente, era la de las películas españolas soporíferas que con mal gusto y un humor que jamás entendí mostraban planos de rascacielos y escenas de alemanas en bikini. Calles abarrotadas, guiris a pecho descubierto, cuerpos deformes pintarrajeados con tatuajes, procesiones del inserso, etc. conviviendo en perfecta armonía con jóvenes con las hormonas en plena ebullición en busca de alcohol, pivones y marcha... Nunca me gustó Levante, la aridez del terreno y la estética de la gente (aunque suene absurdo y superficial) los arroces y las fallas, los petardos y los joyones. Jamás me cautivó. Por el contrario despertó sensaciones de desagrado incluso de desprecio. Han pasado los años y dos décadas más tarde, descubro que en Benidorm sigue habiendo alemanas despanpanantes, pechos caidos y de silicona, botox mal puesto, guiris borrachos, paellas congeladas y viejos sin complejos. Pero detrás de esa primera impresión, si vuelves a mirar con ojos más benévolos descubres otras facetas e intuyes sus puntos fuertes. Es la única ciudad costera española con ambiente y vida durante todo el invierno; existen tantos ambientes como imagines, desde el hotel bally hasta la pensión pepe, desde el turista que lleva cinco euros en el bolsillo en busca de un menú contundente y barato, hasta otro que no escatima en deleitarse en el mejor restaurante... Y todo ello enclavado en una zona con un clima envidiable, que te permite en pleno mes de marzo tumbarte al sol y darte baños de agua a una temperatura idéntica a la del agua gallega en agosto...Como todo en la vida es cuestión de los ojos con los que lo mires. Para mí, un lugar donde la gente es feliz y vive tranquila; un paisaje sin atractivo pero con un mar mediterráneo con un azul que me invita a repetir. Eso sí fuera de temporada.
Tampoco pensé que fuera a ir con frecuencia. Pero como siempre en la vida
más vale no decir que de este agua no beberé, porque los gustos cambian y, a veces, la vida te sorprende. Es lo mismo que cuando piensas de joven que quieres hacer en la vida casi todo y al final te quedas con casi nada...
La imagen que solía tener de Benidorm, antes de poner el pie en una playa atestada con tanta gente, era la de las películas españolas soporíferas que con mal gusto y un humor que jamás entendí mostraban planos de rascacielos y escenas de alemanas en bikini. Calles abarrotadas, guiris a pecho descubierto, cuerpos deformes pintarrajeados con tatuajes, procesiones del inserso, etc. conviviendo en perfecta armonía con jóvenes con las hormonas en plena ebullición en busca de alcohol, pivones y marcha... Nunca me gustó Levante, la aridez del terreno y la estética de la gente (aunque suene absurdo y superficial) los arroces y las fallas, los petardos y los joyones. Jamás me cautivó. Por el contrario despertó sensaciones de desagrado incluso de desprecio. Han pasado los años y dos décadas más tarde, descubro que en Benidorm sigue habiendo alemanas despanpanantes, pechos caidos y de silicona, botox mal puesto, guiris borrachos, paellas congeladas y viejos sin complejos. Pero detrás de esa primera impresión, si vuelves a mirar con ojos más benévolos descubres otras facetas e intuyes sus puntos fuertes. Es la única ciudad costera española con ambiente y vida durante todo el invierno; existen tantos ambientes como imagines, desde el hotel bally hasta la pensión pepe, desde el turista que lleva cinco euros en el bolsillo en busca de un menú contundente y barato, hasta otro que no escatima en deleitarse en el mejor restaurante... Y todo ello enclavado en una zona con un clima envidiable, que te permite en pleno mes de marzo tumbarte al sol y darte baños de agua a una temperatura idéntica a la del agua gallega en agosto...Como todo en la vida es cuestión de los ojos con los que lo mires. Para mí, un lugar donde la gente es feliz y vive tranquila; un paisaje sin atractivo pero con un mar mediterráneo con un azul que me invita a repetir. Eso sí fuera de temporada.
jueves, 26 de febrero de 2009
Lunes al sol
Ültimamente y a modo de capricho me acerco al parque en horas en las que mis hijos siguen en el colegio. Media hora antes de la salida, cuando la calma enmarca la plaza Chamberí por falta de gritos, movimientos y niños, me paro unos segundos para elegir con cuidado en qué banco sentarme. No falla. Muy cerca del sol y siempre en rincones donde pueda esparcir mi mente, mirar sin ser vista y releer. Me gusta porque no hay nadie que me moleste, no tengo que saludar a madres histéricas, ni a padres pereza... Me gusta porque me siento cómoda, disfruto de mi ciudad y de mi tiempo, con la libertad de no estar pendiente de nada excepto de pasar esa página del libro.
Estoy leyendo La elegancia del erizo. Está repleto de reflexiones de la vida que hace una portera enamorada de la literatura. Ella vive en su papel y hace creer a los demás, que su destino es el de una portera. Sin embargo,bajo su apariencia ruda y malos modales se esconde un pozo de sabiduría y una belleza que hace que me extremezca. Me encanta porque en ciertas páginas tengo que pararme y releerlas, pensar en fragmentos y en ideas, algunas me gustaría copiar en mi libreta para que no se me olviden.
Estoy leyendo La elegancia del erizo. Está repleto de reflexiones de la vida que hace una portera enamorada de la literatura. Ella vive en su papel y hace creer a los demás, que su destino es el de una portera. Sin embargo,bajo su apariencia ruda y malos modales se esconde un pozo de sabiduría y una belleza que hace que me extremezca. Me encanta porque en ciertas páginas tengo que pararme y releerlas, pensar en fragmentos y en ideas, algunas me gustaría copiar en mi libreta para que no se me olviden.
domingo, 15 de febrero de 2009
Soy
No es un restaurante al uso. Se han escrito reseñas en prensa halagando su cocina. Un japonés de verdad, buen servicio y excelente materia prima. Al lado de casa, lo mejor. Por fuera no tiene ningún cartel que lo identifique, por dentro minimalista, apenas unas seis o siete mesas y una barra. Cuesta reservar. Tal vez demasiado.
Tres llamadas para conseguir mesa, tedioso bajo mi punto de vista.
Carpaccio de viera, muy fino. Makis crujientes. Pez mantequilla delicioso. Sello de Pedro Espina, cocinero antes del Suntony.
Manteles de tela.
Tardamos en cenar. Fueron lentos en servirnos. No tenían dos vinos de la carta que elegimos. Al final, la mujer del chef, una señora con rostro de porcelana enfundada en un kimono de seda se acercó a nuestra mesa. Transmite cariño y gusto por las cosas bien hechas y esa especie de paz interior que desprenden los asiáticos.
Rematamos la noche como la iniciamos. Una degustación de ginebras (goa, martin millers, ...) en casa de Dani.
Una noche redonda, tranquila, buena conversación y muchos cumpleaños.
Tres llamadas para conseguir mesa, tedioso bajo mi punto de vista.
Carpaccio de viera, muy fino. Makis crujientes. Pez mantequilla delicioso. Sello de Pedro Espina, cocinero antes del Suntony.
Manteles de tela.
Tardamos en cenar. Fueron lentos en servirnos. No tenían dos vinos de la carta que elegimos. Al final, la mujer del chef, una señora con rostro de porcelana enfundada en un kimono de seda se acercó a nuestra mesa. Transmite cariño y gusto por las cosas bien hechas y esa especie de paz interior que desprenden los asiáticos.
Rematamos la noche como la iniciamos. Una degustación de ginebras (goa, martin millers, ...) en casa de Dani.
Una noche redonda, tranquila, buena conversación y muchos cumpleaños.
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