jueves, 26 de febrero de 2009

Lunes al sol

Ültimamente y a modo de capricho me acerco al parque en horas en las que mis hijos siguen en el colegio. Media hora antes de la salida, cuando la calma enmarca la plaza Chamberí por falta de gritos, movimientos y niños, me paro unos segundos para elegir con cuidado en qué banco sentarme. No falla. Muy cerca del sol y siempre en rincones donde pueda esparcir mi mente, mirar sin ser vista y releer. Me gusta porque no hay nadie que me moleste, no tengo que saludar a madres histéricas, ni a padres pereza... Me gusta porque me siento cómoda, disfruto de mi ciudad y de mi tiempo, con la libertad de no estar pendiente de nada excepto de pasar esa página del libro.
Estoy leyendo La elegancia del erizo. Está repleto de reflexiones de la vida que hace una portera enamorada de la literatura. Ella vive en su papel y hace creer a los demás, que su destino es el de una portera. Sin embargo,bajo su apariencia ruda y malos modales se esconde un pozo de sabiduría y una belleza que hace que me extremezca. Me encanta porque en ciertas páginas tengo que pararme y releerlas, pensar en fragmentos y en ideas, algunas me gustaría copiar en mi libreta para que no se me olviden.

domingo, 15 de febrero de 2009

Soy

No es un restaurante al uso. Se han escrito reseñas en prensa halagando su cocina. Un japonés de verdad, buen servicio y excelente materia prima. Al lado de casa, lo mejor. Por fuera no tiene ningún cartel que lo identifique, por dentro minimalista, apenas unas seis o siete mesas y una barra. Cuesta reservar. Tal vez demasiado.
Tres llamadas para conseguir mesa, tedioso bajo mi punto de vista.
Carpaccio de viera, muy fino. Makis crujientes. Pez mantequilla delicioso. Sello de Pedro Espina, cocinero antes del Suntony.
Manteles de tela.
Tardamos en cenar. Fueron lentos en servirnos. No tenían dos vinos de la carta que elegimos. Al final, la mujer del chef, una señora con rostro de porcelana enfundada en un kimono de seda se acercó a nuestra mesa. Transmite cariño y gusto por las cosas bien hechas y esa especie de paz interior que desprenden los asiáticos.
Rematamos la noche como la iniciamos. Una degustación de ginebras (goa, martin millers, ...) en casa de Dani.
Una noche redonda, tranquila, buena conversación y muchos cumpleaños.