Cuánto se sufre en las separaciones.
Qué sensación tan extraña e impotente ver cómo la gente desperdicia su vida con un matrimonio que hace aguas por todas partes. Qué desagradable ser espectador, en primera fila, e intentar reescribir la historia de los demás porque ves que el final no te gusta. Y sin embargo, no puedes, eres incapaz porque sabes que ésa no es tu película sino la de otros. Actúas de guionista, intentas ser el mejor apuntador del mundo, abanderando la imparcialidad, buscando soluciones aunque todos somos humanos y la balanza siempre se va hacia un lado. Es inevitable tomar posiciones. Avanza la trama, los personajes se vuelven más complejos, las historias se entremezclan. Los protagonistas sufren, se desvanecen; los secundarios sentimos esa pena en nuestras propias carnes. Hace falta tiempo, madurar las ideas, luchar, luchar y luchar. Yo sólo puedo involucrarme desde fuera. Estoy maniatada. Casi exhausta, sin fuerzas. Qué injusto y qué desasosiego ver que tu proyecto de vida se rompe... Y qué motivo tan importante para cuidar lo que tengo. Ojalá nunca tenga que verme en esa tesitura.
lunes, 28 de septiembre de 2009
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